Una lección para Marcelino
domingo, 18 de octubre del 2009 a las 23:59
|
Durante los días previos al encuentro de ayer, Marcelino García Toral se metió gratuitamente en un charco asegurando que su equipo debería ganar porque era superior al Racing. Una obviedad que no merecería mayor repercusión, si no fuera porque durante su etapa en Santander siempre hizo gala de la manida falsa modestia que impera en la mayoría de las ruedas de prensa. Ya solo sea porque está feo hacer excepciones con un equipo donde se le idolatra, ese escozor en el orgullo quizás fue lo que ayer llevó a los jugadores del Racing a igualar un partido que tenía muy cuesta arriba.
|
|
El encuentro comenzó con el combinado verdiblanco bien plantado sobre el terreno de juego. Los cántabros presionaban bien a su rival y además lograban salir airosos de la presión que ejercía el Zaragoza sobre ellos. Dado el habitual desdén de los dobles pivotes a la hora de involucrarse en la creación del juego, la actividad de Munitis entre líneas fue la que facilitó las transiciones en ataque. Sin embargo, ya sonaban los primeros pitos en las gradas de la Romareda, cuando el Zaragoza logró convertir ese ‘run-run’ en palmas a los veinte minutos de juego.
Como no podía ser de otra manera, a los pupilos de Mandiá se les volvió a atragantar otra jugada a balón parado. Pennant puso en juego un saque de falta pasado y Lafita devolvió el balón al área con una acrobática chilena. Pulido tocó lo justo con la testa para librar la presencia de Morris y Torrejón, permitiendo así a Pavón quedarse solo ante Toño. El canterano del Real Madrid remachó a la red la pelota con el interior de su pierna derecha, subiendo el primero del Zaragoza al marcador. El gol quizás no hacía justicia a los méritos del Racing, pero lo cierto es que causó mucho daño en las filas visitantes. Apenas unos minutos después, una jugada ensayada, burló el entramado defensivo de los santanderinos y permitió a Gabi enganchar una volea desde la frontal. Su chut golpeó en Lacen y se desvió hasta estrellarse en el poste. El Racing trataba de no perderle la cara al encuentro, pero los maños evidenciaban una gran superioridad con el balón en los pies. Esto quedó patente con la jugada que dio pie al segundo tanto local. Paco Pavón se convirtió en Don Francisco Pavón, cuando inició la acción con una calidad impropia de un central. El zaguero realizó un sombrero a un delantero verdiblanco, no rifó el cuero cuando este volvió a tomar contacto con el césped y puso la pelota a la carrera de Lafita con ventaja para el atacante. El canterano por su parte desbordó a Pinillos con una potencia que dejó en evidencia al riojano para que Arizmendi marcara oportunamente merced a un movimiento propio de un ‘nueve’. A partir de entonces, los aragoneses ofrecieron un recital. Jorge López escondió la pelota a Morris con su elegancia habitual y disparó con rosca hacia el palo largo. Afortunadamente Toño mandó el balón a córner con una gran estirada. En el tiempo de descuento Lafita continuó con su recital por el costado izquierdo y rozó el gol, como el balón rozó el palo por su disparo. A la vuelta del descanso, Lafita dejó su última pincelada de una actuación determinante con una potente y habilidosa cabalgada que finalizó con un pase de la muerte. Una asistencia que no aprovecharon los delanteros que llegaron en primera línea, pero que terminó en botas de Gabi. El ex jugador del Atlético perdonó al Racing con una finalización horrorosa. En el momento que el puñal aragonés abandonó el campo, los cántabros comenzaron a sanar su herida. Mandiá aprovechó que el Zaragoza retiró un punta para jugarse el todo por el todo con una defensa de tres y una segunda línea plagada de efectivos. A diez minutos para el final, Tchité cortó la hemorragia con un gran gol. Serrano botó un saque de esquina pasado y Tchité se desmarcó en el segundo palo con un gran instinto. El congoleño enganchó una volea dificilísima e imparable para Carrizo, previo bote en el suelo. Cinco minutos después, Serrano aplicó puntos de sutura con un verdadero golazo que aunó calidad y pundonor a partes iguales. El catalán se llevó un balón dividido con garra, regateó a su par con habilidad e igualó la contienda con un exquisito disparo que se coló por la escuadra. La herida se infectó, pues Jorge López estrelló un balón en el larguero durante el tiempo de descuento, pero nada grave que impidiera cicatrizar un valioso empate. |




